martes, 28 de julio de 2009

Me sé de un zarzal

El próximo fin de semana serán las fiestas del pueblo. Dadas las condiciones en que se encuentra todavía la casa no voy a hacer una invitación abierta. Como ceremonia iniciática dormir allí va a ser toda una experiencia. Procuraremos no despeñarnos por el hueco de la no-escalera, haremos uso del WC equilibrista, estrenaremos calentador, cocinaremos en hornillo, emplearemos la tienda de campaña (tipi, dulce tipi) a modo de mosquitera.

En fin, igualito que el Burj al Arab (dicho sea de paso y dejando a un lado su indudable mérito arquitectónico, este hotel-icono pone de manifiesto la magnitud que la estupidez humana puede alcanzar).

Si quieres venir, ya sabes, AT YOUR OWN RISK.

Y si no te encuentras a gusto, mira el título de este post.

domingo, 19 de julio de 2009

Ahora que me acuerdo...



… Que estábamos subidas aquí las dos en un pinar en mitad de la nada y nos hemos dado cuenta, entre cerveza y cerveza, de que no hemos contado nada del PIR. Y que fuimos. Y que estuvo muy bien, salvado el susto inicial de que pensábamos que no había nada cuando llegamos, y nos lanzamos como locos a buscar el sonido de una gaita lejana que resultó ser el pitido de una ambulancia reculando.


Jajaja, primera tanda de risas.


Al final encontramos la ronda que buscábamos. Y la seguimos, y bailamos a pesar del enfurruñe de la más pequeña (sí, también se vinieron los niños). De hecho, nos vino muy bien la reciente instalación del wc sin instalar (jajajaja, segunda tanda de risas) que lo puedes utilizar, pero no sentarte, tal y como reza el cartel: “¿Andas suelt@? Cuidado, este WC también!”.


El sábado ya fue mejor, con tiempo de recorrer el mercadillo y deleitarnos con la artesanía que ofrecían: Queso, sidra y otras gaitas… (jajaja, tercera tanda de risas).

El domingo el grupo se dividió, y mientras unos se fueron a disfrutar del “paloteau” otros se fueron a divertirse con el “chapoteau” en una poza en el Osia. Todos felices y contentos.


Volveremos. Y no es una amenaza.


Jajaja (última –por ahora- carcajada).


Aupaedurne y Begoña en mitad de la nada.

jueves, 2 de julio de 2009

Bisaurín, por fin

Dos años. Dos años es lo que nos ha costado subir al Bisaurín. No, no es que hayamos marcado el record en subida lenta a un monte , ni que hayamos pasado dos años colgados de sus laderas, no. Pero sí hace más de dos años que alguien nos comentó la posibilidad de subir al Bisaurín para San Juan, posibilidad que luego se frustró y que hizo que anduviéramos con esa espinita clavada cada vez que el monte se asomaba al final del valle.


Tras un duro entrenamiento (Montemolín, ribera bajísima del Gállego y Alcampo...) y una noche previa de concienciación a base de pacharán y orujo, nos calzamos las botas los tres de siempre, con la participación estelar de Eusebio, digoooo, Eustaquio, estoooo, Esteban, eso. Y allá que fuimos, eso sí tarde. Total, después de dos años de espera, nos podíamos permitir el lujo de salir con una hora de retraso...

Un sábado de finales de junio, el Bisaurín tiene un punto de paseo Independencia. Es un trasiego interminable de gente de todas las condiciones, casi de 0 a 100 años, e idiomas, aunque en los saludos predominaba el "egunon" y el "aupa" (¿cómo lo sabían?). Subiendo pasas de la sensación de que te van a aparecer Pedro con las cabras o Julie Andrews bailoteando y cantando a pleno pulmón "The sound of music" a un canchal lunar en el que a cada paso que das sólo piensas "Virgencita, que me quede como estoy". Subes despacio, no importa llegar antes sino llegar. Los egunones te dan ánimos cuando bajan. Y se agradecen.


Últimos pasos en el roquedo. Ya llegamos, ya. Ya estamos. Al noroeste, el castillo de Acher con su baluarte rojizo de permotrías; a lo lejos, al noeste, la chimenea volcánica del Midi d'Ossau. Al sur el valle del Osia con Jasa y Aragüés pequeños, muy pequeños. Y más y más cosas. Y mucha emoción. Y mucha alegría por estar, por fin, ahí arriba. Dos años después.





Comenzamos la bajada con esa misma alegría. Volvemos la vista atrás cuando llegamos al collado de Foratón y te asombras de por dónde acabas de ir. Seguimos bajando hasta el refugio, las piernas empiezan a flojear. Ya sabemos que cuando nos levantemos de comer andaremos como las muñecas de Famosa dirigiéndose al portal. Lo peor serán los sonidos guturales que emitiremos cada vez que entremos o salgamos del coche. Pero nadie nos quitará el brillo del Bisaurín de la mirada...